Sarna con gusto…

Terminó de atarle las manos a cada esquina de la cama, ella aún seguía luchando, golpeando con sus piernas el pecho del desconocido. Intentaba gritar, se movía con fuerza, pero él era mucho más fuerte que ella, la tenía inmovilizada. Su mirada horrorizada hacía que la excitación de él comenzara a notarse, pasaba sus manos toscas por su pecho, acariciándola levemente, observando como su piel se ponía de gallina, mientras ella se torcía tratando de evitar todo contacto con su profanador.

No decía nada, sólo se dedicaba a tocarla con la punta de sus dedos, a posar sus labios en su delicada y blanca piel, la había amenazado con un cuchillo, probablemente lo tomó de la cocina, de vez en cuando rozaba su piel con la punta de éste, dándole escalofríos con su afilado y frío ápice. No le había siquiera quitado la ropa, parecía muy tranquilo y confiado de lo que estaba haciendo y eso la ponía más nerviosa, ya sabía que no se trataba de un robo. Sólo esperaba que Sebastian, su novio, llegara pronto a casa.

A Natalia comienza a gustarle esta sensación, su miedo por ser violada mengua. De repente ella cede, deja de luchar, deja de moverse de forma brusca para comenzar a moverse de forma delicada, como una serpiente. Él nota el cambio en su actitud, pensativo se queda inmóvil unos segundos, luego continúa con más afán sus caricias, ahora con más presión comienza a tocar su intimidad, los gemidos leves de Natalia lo excitan cada vez más. Un descuido de él y sus miradas se cruzan, a través de esa máscara, ella aún puede notar los grandes ojos azules que intentan esquivarla. Con su mirada, ella le ruega que la penetre, está lista para el sexo.

Le quita la ropa con calma, no está apurado, ella lo disfruta y no le pide que tenga prisa. Él sólo se quita el pantalón y sin mediar palabras, la voltea quedando boca abajo y comienza a penetrarla, suavemente, prestando atención a los gemidos de ella, procurando que sienta placer y no dolor. Unos minutos después, la actitud corporal de Natalia le invita a penetrarla más fuerte y más rápido, él obedece.

Tanto placer le hace sentir que se queda sin aire, cree que debe estar cerca del éxtasis, aumenta el ritmo sin preocuparse por el ligero mareo que comienza a percibir. Por un momento para y se tumba al lado de Natalia posando su mano en el pecho, el dolor comienza a agudizarse. Natalia se quita los nudos de las muñecas y se destapa la boca, rápidamente le quita la máscara. Asustada llama a una ambulancia, pero ya es demasiado tarde. La adrenalina que invadió el corazón de Sebastian causó un paro cardiaco en él, no sabía que su arritmia podía matarlo.

 

Liz.

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Un pensamiento en “Sarna con gusto…

  1. Definitivamente, en el fondo, muy en el fondo, cada mujer desea ser tratada como una perra… una pena q el pana se murió

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