Amor en el guardarropa

Alexis ya había olvidado la cara de su padre, hace tanto tiempo que se había ido de casa, no lo habían vuelto a ver más. Su madre tenía ya unos años saliendo con este hombre, el hombre que ahora veía en la sala, hablando de que por fin había ganado la custodia de su hijo, celebraba con vino y tentempiés. Para la Alexis de 12 años no le hacía gracia la noticia, quería decir que su hijo también se mudaria con ellas, como ya lo había hecho él.

Lo conoció el día que cruzó la puerta de su casa, no era tan mayor como esperaba, ni tan feo como su padre. Germán no era como lo había descrito su padre. Al poco tiempo ya se trataban como mejores amigos, por desgracia no podía decirse lo mismo de sus padres.

Dormían en cuartos separados por un baño en común, cuando sus padres peleaban Alexis cruzaba el baño a toda velocidad y se resguardada en el guardarropa de Germán con él, se abrazaban y lloraban hasta que los gritos y golpes cesaban, se quedaban dormidos entre zapatos, cajas, ropa y olor a guardado. Sus infancias se perdían en ese pequeño espacio.

Cada día que pasaba los cristales rotos eran más frecuentes. Cada día que pasaba Germán también iba notando el cambio en Alexis, definitivamente ya no era una niña y el comenzaba a tener necesidades de adolescente. Simplemente él no aguantó más y entre gritos de adultos crecía una pasión adolescente en el guardarropa.

Ya no hacía falta escuchar el comienzo de una discusión cuando Alexis cruzaba el baño en silencio y penetraba en la oscuridad del cuarto de Germán, su padre comenzaba a sospechar y le decía a su madre que su hija se estaba convirtiendo en una cualquiera, lo que lógicamente comenzaba un carnaval de platos volando, insultos, golpes…

El amor que se generaba pacíficamente en el guardarropa fue inesperadamente interrumpido por su madre, los dimes y diretes no se hicieron esperar entre los adultos, se culpaban entre ellos de la desgracia, se amenazaban, se golpeaban. Alexis no soportó más, tomó un cuchillo y se abalanzó sobre el padre de Germán. Su madre comenzó a gritar horrorizada, Germán no aguantó más sus chillidos y tomó el cuchillo de la mano de su amante y se abalanzó sobre ella, sólo quería que se callara, los adultos no se lastimarán más. Ante tan dantesca escena, los hermanastros se tomaron de las manos, y entre la sangre, el olor a guardado y el silencio se amaron por última vez en el guardarropa.

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