Crónica de un Portón Maldito

Miércoles 13 de abril de 2011. Una noche lluviosa como tantas otras del mes de abril, luego de un refrescante té en Kepén con los amigos, habituales y no habituales, unos pocos decidimos hacer algo diferente para tan mojada noche. Verónica (@veritorp), Kaky (@kakyrp), Rainer (@ironrai) y yo (@sucuba) nos dispusimos a comprar alcohol y dirigirnos a nuestro punto de encuentro, la oficina de Rainer, para socializar y hacer lo propio cuando se van a tomar las bebidas espirituosas. Lo normal es beber y chalequear a los demás, pero como estábamos en una oficina agregamos videos de Youtube a la velada.

Era ya la una de la mañana de ese jueves 14, tan fatídico día. Estábamos listos para retirarnos a nuestras respectivas moradas. Bajamos al, lo que según la voz del ascensor era “segundo subsuelo”, estacionamiento para salir en el carro de Verito. Pero siempre, como en todo cuento de terror y suspenso, se presentan problemas. Para salir de dicho estacionamiento había que cruzar dos portones, el problema se centraba en que ninguno de los cuatro allí presentes tenía llave; así que dependíamos de la buena voluntad de que alguien nos abriera para salir: fueran los vigilantes o un buen samaritano que estuviera llegando o saliendo del conjunto residencial.
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