Paula Snuff

Paula, tan menuda pero de grandes sueños, Paula era la típica chica de Los Ángeles, una hermosa camarera en un bar de mala muerte con ganas de que un productor de cine le “echara una ojeada”, no más que para ser una gran actriz reconocida mundialmente. Se veía entre copas de cristal, porcelana cara y abrigos de piel, carros lujosos y actores haciendo fila para conquistarla. Ah! Paula la soñadora!. Pero su corazón también era humilde, quería sacar a su madre del asilo y comprarle una bonita casa cerca de la playa y ayudar a su hermanito a que entrara en la universidad.

Su intuición le decía que el día llegaría pronto, por eso Paula siempre se vestía muy coqueta, con vestidos cortos y un maquillaje espectacular, se podría decir que era la atracción principal del bar, la atracción para los hombres más repugnantes de la ciudad que no esperaban a que Paula volteara un poco para tocarla en su parte posterior. Paula sólo suspiraba, -Necesito el trabajo, calma-, se decía entre la falsa sonrisa que le daba al cliente de manos ligeras.
Lo único provechoso que sacaba de esas “manoseadas” era la propina, con él podía costearse la ropa y los accesorios que la hacía tan popular entre los “subnormales” como ella les denominaba.
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Mongólicos

Una pareja de viciosos, ¿Qué se podría esperar de una relación así? El desastre era esperado día a día entre los pocos observadores que quedaban, y no pasó mucho tiempo, ella quedó embarazada y no lo sabía, consumió alcohol hasta el desmayo, se esperaba con expectativas el resultado de tal desgracia.

-Son gemelos, felicitaciones!- Ella sólo comenzó a llorar, enfermos, y por partida doble, ya sabía que la vida se le había puesto mas dura, que ahora tenía que tomar una decisión, dejarse hundir o dar la cara y cambiar su estilo de vida de una vez. Decidieron entonces casarse y limpiar sus organismos de toda la porquería que habían consumido durante largos 5 años, pero los gemelos ya habían absorbido todo, mongólicos.

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Los tiempos cambian

-Los tiempos cambian- Me dijo al tiempo que me daba un beso, pero yo seguía preocupado. No es fácil vivir una vida que no elegiste, a pesar de que todos dicen lo contrario, uno nace con esto. Todo comienza con tu padre arrebatándote el maquillaje de tu madre, luego con los niños del colegio burlándose de ti, te das cuenta de que eres diferente aunque no sabes porque, y por último siendo acosado y golpeado constantemente en preparatoria. Todos terminan con un –Ahómbrate!- al final.
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Amor en el guardarropa

Alexis ya había olvidado la cara de su padre, hace tanto tiempo que se había ido de casa, no lo habían vuelto a ver más. Su madre tenía ya unos años saliendo con este hombre, el hombre que ahora veía en la sala, hablando de que por fin había ganado la custodia de su hijo, celebraba con vino y tentempiés. Para la Alexis de 12 años no le hacía gracia la noticia, quería decir que su hijo también se mudaria con ellas, como ya lo había hecho él.

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Sarna con gusto…

Terminó de atarle las manos a cada esquina de la cama, ella aún seguía luchando, golpeando con sus piernas el pecho del desconocido. Intentaba gritar, se movía con fuerza, pero él era mucho más fuerte que ella, la tenía inmovilizada. Su mirada horrorizada hacía que la excitación de él comenzara a notarse, pasaba sus manos toscas por su pecho, acariciándola levemente, observando como su piel se ponía de gallina, mientras ella se torcía tratando de evitar todo contacto con su profanador.
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Rafael “Muñón” Gonzalez

No era el chico popular de niño, no era agraciado físicamente, sólo sus ojos azules llamaban la atención, tampoco era muy inteligente que digamos. Su adolescencia no fue mejor, en cambio, el accidente que le marcó la vida, ese trágico accidente que le dio el sobrenombre que llevaría por el resto de su vida, ahora sería conocido como Rafael “muñón” . Su brazo izquierdo no pudo ser salvado, quedó tan destrozado… Mejor no entremos en detalles.

Al principio le costó mucho adaptarse a la vida diaria con el muñón, su “marca registrada” como decían sus amigos bromeando, lo que ellos no sabían es que luego se haría famoso por ello. El muñón le quedó un poco por debajo del codo. Su mano, como extrañaba esa mano, que aún sentía que estaba allí, que aún le picaba y atormentaba, afortunadamente era diestro.

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