Paula Snuff

Paula, tan menuda pero de grandes sueños, Paula era la típica chica de Los Ángeles, una hermosa camarera en un bar de mala muerte con ganas de que un productor de cine le “echara una ojeada”, no más que para ser una gran actriz reconocida mundialmente. Se veía entre copas de cristal, porcelana cara y abrigos de piel, carros lujosos y actores haciendo fila para conquistarla. Ah! Paula la soñadora!. Pero su corazón también era humilde, quería sacar a su madre del asilo y comprarle una bonita casa cerca de la playa y ayudar a su hermanito a que entrara en la universidad.

Su intuición le decía que el día llegaría pronto, por eso Paula siempre se vestía muy coqueta, con vestidos cortos y un maquillaje espectacular, se podría decir que era la atracción principal del bar, la atracción para los hombres más repugnantes de la ciudad que no esperaban a que Paula volteara un poco para tocarla en su parte posterior. Paula sólo suspiraba, -Necesito el trabajo, calma-, se decía entre la falsa sonrisa que le daba al cliente de manos ligeras.
Lo único provechoso que sacaba de esas “manoseadas” era la propina, con él podía costearse la ropa y los accesorios que la hacía tan popular entre los “subnormales” como ella les denominaba.
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Amor en el guardarropa

Alexis ya había olvidado la cara de su padre, hace tanto tiempo que se había ido de casa, no lo habían vuelto a ver más. Su madre tenía ya unos años saliendo con este hombre, el hombre que ahora veía en la sala, hablando de que por fin había ganado la custodia de su hijo, celebraba con vino y tentempiés. Para la Alexis de 12 años no le hacía gracia la noticia, quería decir que su hijo también se mudaria con ellas, como ya lo había hecho él.

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Sarna con gusto…

Terminó de atarle las manos a cada esquina de la cama, ella aún seguía luchando, golpeando con sus piernas el pecho del desconocido. Intentaba gritar, se movía con fuerza, pero él era mucho más fuerte que ella, la tenía inmovilizada. Su mirada horrorizada hacía que la excitación de él comenzara a notarse, pasaba sus manos toscas por su pecho, acariciándola levemente, observando como su piel se ponía de gallina, mientras ella se torcía tratando de evitar todo contacto con su profanador.
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El otro lado

Lorena comenzó a salir con Alejandro apenas se conocieron, a pesar de la atracción sexual la relación no crecía, solo quedaban en eso, amigos con derecho…

Al poco tiempo Alejandro comenzó a enamorarse de ella, se mudaron juntos, a Lorena no le molestó, él era su mejor opción después de tantas traiciones que había sufrido, Alejandro daba todo por ella. Pero no imaginaba que Lorena comenzaría a enamorarse de otro hombre, tan diferente a él, no entendía como podía enamorarse de otro si no salía con alguien más, su trabajo no le permitía mucho tiempo libre y siempre llegaba directo al apartamento.
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El Juego

Mary tenía problemas con el amor, sus novios no le duraban mucho tiempo, 9 meses era lo máximo que un hombre la había soportado. Tampoco se le veía con amistades, podría decirse que Mary era solitaria, y así le gustaba ser.

Las personas q la conocían pensaban que Mary sufría de algún trastorno, en pocas palabras, que estaba loca. Se le veía salir de su casa a varias horas del día de maneras diferentes; en la mañana vestía un vestido sencillo ajustado al cuerpo, con estampados de flores, el cabello suelto y rizado, poco maquillaje. En la tarde vestía jeans y camiseta, botas, el cabello lacio y recogido en una cola y con delineador en los ojos negro. En la noche salía con un vestido corto, tacones de 10 centímetros, el cabello lacio y suelto, los ojos y los labios pintados de rojo. ¿Multifacética?
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El secreto de Andres

Patricia estaba sentada, esperando en el café de siempre, esta vez tomando té, esta vez no esperaba en vano. Se le acercó una chica muy atractiva morena de ojos verdes, se sentó a su lado, saco un cigarrillo y comenzó a fumar. – ¿Dónde estabas? Tengo rato esperándote -. – Disculpa mi cielo, ya sabes, el metro -. Esta era la tercera cita, Patricia sabía lo que significaba, ya había probado esos suaves labios y quería más.
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