Mongólicos

Una pareja de viciosos, ¿Qué se podría esperar de una relación así? El desastre era esperado día a día entre los pocos observadores que quedaban, y no pasó mucho tiempo, ella quedó embarazada y no lo sabía, consumió alcohol hasta el desmayo, se esperaba con expectativas el resultado de tal desgracia.

-Son gemelos, felicitaciones!- Ella sólo comenzó a llorar, enfermos, y por partida doble, ya sabía que la vida se le había puesto mas dura, que ahora tenía que tomar una decisión, dejarse hundir o dar la cara y cambiar su estilo de vida de una vez. Decidieron entonces casarse y limpiar sus organismos de toda la porquería que habían consumido durante largos 5 años, pero los gemelos ya habían absorbido todo, mongólicos.

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Sarna con gusto…

Terminó de atarle las manos a cada esquina de la cama, ella aún seguía luchando, golpeando con sus piernas el pecho del desconocido. Intentaba gritar, se movía con fuerza, pero él era mucho más fuerte que ella, la tenía inmovilizada. Su mirada horrorizada hacía que la excitación de él comenzara a notarse, pasaba sus manos toscas por su pecho, acariciándola levemente, observando como su piel se ponía de gallina, mientras ella se torcía tratando de evitar todo contacto con su profanador.
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El secreto de Andres

Patricia estaba sentada, esperando en el café de siempre, esta vez tomando té, esta vez no esperaba en vano. Se le acercó una chica muy atractiva morena de ojos verdes, se sentó a su lado, saco un cigarrillo y comenzó a fumar. – ¿Dónde estabas? Tengo rato esperándote -. – Disculpa mi cielo, ya sabes, el metro -. Esta era la tercera cita, Patricia sabía lo que significaba, ya había probado esos suaves labios y quería más.
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Sex

Tu lengua no se cansaba de buscar mis labios, separarlos, encontrarse dentro de mi boca con mi lengua y luchar… una lucha posesiva donde tus manos buscan pelear con mi cuerpo culebreante, mis piernas buscan apresar tu cuerpo, el cuerpo que busca apretarme y asfixiarme en un frenesí… la locura envuelve el ambiente mientras tus ojos buscan desnudarme y los míos quieren encontrar los tuyos. Te arrebato la camisa, intento encontrar en un mar de sudor y ropa tu zona sur… me abrazas, me sofocas, me besas, me ahogas, me matas de placer, dulce, divino.
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Amor es…

Seis años atrás él la consolaba tras su fuerte divorcio con su marido, el maltrato físico estaba a la orden del día. Julian le besaba las cicatrices y los morados de su piel, sin darse cuenta ya estaban besándose.

Ella lo abrazó celosamente. – Mi hijo! Mi hijo bello! -. Y lo besó en la boca. – Mamá por favor! Que nos puede ver! -. Julian la tomó de la mano y entraron a la casa. – Vamos al cuarto, hace mucho que no te veo -. Sofía se quitó la bata frente a sus ojos y se abalanzó en sus brazos, Julian no lo evitó, la llevo a su cuarto. – No te preocupes, Sergio está durmiendo, mientras no hagas ruido… -. Se encerraron toda la noche.

Madre! Luces hermosa -. Tomó una taza y le sirvió café. – Puedes creer que este hijo tuyo llegó en la madrugada y no avisó? -. Sofía sonrió levemente y le dio un beso en la frente a su hijo, rozó sutilmente su seno izquierdo con la boca de Julian. – Mi hijo bello, hace tanto tiempo que no vienes a casa, ¿cómo está tu novia? -. – La misma sonsa de siempre -. Rieron.

Un encuentro fugaz en el baño de la cocina mientras Sergio se duchaba. Sus ojos brillaban cada vez que cruzaban la mirada; ella sentía un escalofrío en la espalda, el último lugar donde él la besó; él sentía la palpitación de su excitación…
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